Entrando al siglo XX, ya bajo el dominio de la bota imperialista yanqui, se profundiza el capitalismo burocrático en Chile, volviéndose más parasitario y más urgente la lucha de las masas.
En 1910, cuando imperialistas y terratenientes hacían algarabía para que las masas pobres se alcoholizaran en torno a las fiestas del Centenario, Luis Emilio Recabarren vuelve a poner al desnudo que la opresión, la explotación y el problema de la vivienda siguen sin resolverse.
“En los últimos 25 años ha muerto, no cabe duda un porcentaje de niños muy superior a los 75 años anteriores juntos. Esto es debido al progreso de la situación antihigiénica en los barrios obreros, al progreso de la miseria, al progreso de los vicios.”
“El alquiler de una pieza que 15 ó 20 años atrás era de 6 a 8 pesos hoy es de 15 a 20. Tenemos que la habitación vale hoy 200 por ciento más caro que antes, mientras el salario sólo habría subido para algunos gremios un 20 ó 30 por ciento.”
(Luis Emilio Recabarren, 1910)
Doce años después (1922) estallaron en varias ciudades del país las huelgas impulsadas por “ligas de arrendatarios”. Acompañadas de una huelga de tres meses de los obreros del carbón y de movilizaciones estudiantiles por la reforma universitaria. 1922 representa no sólo un alza en la lucha, sino que además un salto, donde el proletariado se constituye en: Partido Comunista de Chile (Sección de la Internacional Comunista).
Por su parte, los reaccionarios, desde El Mercurio, ladraban como perros rabiosos: “Tan de moda se han puesto en los últimos tiempos las huelgas, que aun los arrendatarios, para no ser menos, han resuelto declararse en huelga”. (11 de mayo de 1922).
Entrando a la década de los 30, la situación de las masas pobres se vuelve más precaria. Dos sucesos golpearán fuertemente la economía: la crisis de 1929 del imperialismo yanqui y la crisis del salitre en Chile.
El imperialismo yanqui, descargó el peso de la crisis de 1929 en sus semicolonias y en Chile como parte de ellas. Al tiempo que la crisis del salitre provocó una migración masiva hacia Santiago.
En el campo la situación no era menos crítica. Aumenta la migración campo-ciudad, expresión concreta de Chile como país semifeudal. En 1934, bajo la dirección comunista, se alzan en armas de los campesinos de Ranquil. La heroica rebelión sería finalmente aplastada por el viejo Estado mediante la represión y asesinato masivo.
“Para acabar con esta penuria de la vivienda no hay más que un medio: abolir la explotación y la opresión de la clase obrera por la clase dominante. Lo que hoy se entiende por penuria de la vivienda es la particular agravación de las malas condiciones de habitación de los obreros a consecuencia de la afluencia repentina de la población hacia las grandes ciudades; es una subida formidable de los alquileres, una mayor aglomeración de inquilinos en cada casa y, para algunos, la imposibilidad total de encontrar albergue”.
(Federico Engels)













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